En esta soledad donde habita la brisa para volar con alas en el sueño, donde la libertad es un suspiro derramado en la luz de la tarde o una nostalgia antigua, como el agua pasada de un arroyo. En esta soledad donde el rumor del beso arrulla el corazón de la esperanza, y la voz es un grito interior y los pajaros beben del olvido. En esta soledad donde duerme tu ausencia, y escucho el silencioso aroma de tu huella. En esta soledad, tengo abierto el deseo entre mis manos, para habitarte, siempre, en el recuerdo.
Tengo tantas palabras guardadas en tu ausencia, tantas miradas rotas en tu espacio vacio, tanta flor deshojada en tu recuerdo, que ya no se que hacer con mi esperanza, mi noche solitaria o mi beso dormido en el silencio. Sin embargo hay mañanas que tu luz me sostiene, me abraza y me acaricia esta pausa en que habito, Para encontrarte, sueño cada instante del dia y la calle es un grito vestido de tu nombre. Tengo tantas sonrisas guardadas en tu boca, tanta piel de tu cuerpo en mi sed de caricias, Tantas olas que azotan el mar de tu cintura, tanta tristeza al gozo acumulada, que el amor será eterno a pesar del olvido.
... y siempre esta desgana de abrir las puertas a la luz de la tarde, de abrazar las palabras con manos y deseos de ser solo universo, horizonte sin límites, donde hallar el encuentro de todas las miradas en un solo paisaje para un vuelo total, sin retorno al olvido.
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Entre mis dedos se deshoja la brisa. Palabras olvidadas. El aroma del mar cuando cierro la luz de los ojos en la penumbra azul de mi recuerdo.
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Melancolia. Paisajes como pájaros con trinos en las alas aroman de silencios el desamor del alba. La luz es una espiga de nieve en la mirada. El cielo de tu ausencia, caricia derramada y en la paz del otoño las hojas se desmayan.
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La soledad, ese abandono gris al final de la tarde. Un aire azul me riza la mirada para endulzar paisajes como sueños..
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... y me voy de caricias por la hierba bebiéndome las perlas del rocio donde habitan, hoy, breves paisajes del otoño.
Querido y recordado Paco, esta mañana me llamó mi madre para darme la noticia de tu muerte. Los recuerdos se acumularon en mi cabeza. No me esperaba esta temprana despedida. Cincuenta y tres años es poco tiempo para una vida.
Me dolió dentro el vacío de tu ausencia, aun sin haberte vuelto a ver después de tantos años, y en mi recuerdo afloró nuestra infantil y empedrada calle del Lirio, por donde jugábamos en las tardes soleadas de septiembre o el patio interior de tu casa, donde nos reuníamos en las siestas para leer las revistas de "Historias para no dormir" de Ibañez Serrador o escuchar canciones de Paco Ibañez, Labordeta o Victor Jara. Teníamos los dos ese entusiasmo rebelde de la primera juventud.
Por el Barrerito coincidiamos algunos días con Tio Aquilino, El Sastre, que nos hablaba con aquella elegante filosofía rural que a ti tanto te gustaba.
Los sábados nos íbamos al baile, donde nos emborrachábamos de luna y de larios con coca-cola para ensombrecer nuestra timidez. Tu me decías "Mira, aquella se arrima, baila con ella".
Después te fuiste a estudiar medicina a Salamanca, que dejaste por que no te gustaba.
Pasaron los años y te fuiste a Madrid y te casaste y tuviste una preciosa niña que ahora se ha quedado sin padre.
En el recuerdo, querido Paco, volveremos a recorrer juntos las calles y los rincones de nuestra niñez, mientras le busco una inútil explicación a tu temprana muerte.
Escúchame, al otro lado del silencio, este arma cargada de futuro llamada poesía que tantas veces cantamos y escuchamos juntos en la voz de piedra de Paco Ibañez mientras te leía, con tímido entusiasmo, mis primeros versos.
¿Te acuerdas? "habra un dia en que todos/ al levantar la vista/ veremos una tierra/ que ponga libertad.
Hasta siempre Paco, volveremos a vernos algún dia entre las parras verdes de nuestra recobrada adolescencia.